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Aunque, el precio del suelo es más barato que en las ciudades hay que hacer frente a una serie de pagos como las tasas urbanísticas y el proyecto del arquitecto. El primer paso, para levantar los cimientos de una pequeña casa en un pueblo es la búsqueda de un terreno adecuado. En muchas ocasiones, las familias que se plantean esta opción lo hacen porque ya cuentan con el solar donde ubicarla: una herencia, una antigua casa que se está derrumbando. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que no se puede edificar en cualquier zona.
Una vez elegido el terreno, hay que solicitar un estudio geotécnico sobre el suelo en que se desea asentar la vivienda. Un aparejador privado, deberá comprobar que el suelo y los cimientos son los adecuados para levantar en él una edificación. Por el estudio geotécnico, habrá que abonar al aparejador o empresa en cuestión cerca de 1.000 euros.
Ese mismo aparejador puede servir de ayuda para realizar el siguiente, trámite de la lista; la presentación del proyecto de construcción, que deberá firmar junto con un arquitecto. El proyecto, tiene que incluir la distribución deseada de la casa: número de habitaciones, metros cuadrados de cada estancia. En este punto, el propietario puede dar sus opiniones y sugerencias. No obstante, será el arquitecto quien aprobará o desestimará las ideas del cliente, en función de su buen criterio profesional. El coste, del proyecto variará en función de la superficie que se quiera construir y de su complejidad.
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